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Relación entre vértebra Atlas y hernia discal

Se llama hernia discal a la pérdida de una parte del núcleo pulposo del disco intervertebral.
Este último es la almohadilla interpuesta entre una vértebra y la otra.
La parte carnosa que excede la base puede comprimir las terminaciones nerviosas, creando un conflicto mecánico que provoque dolor o insensibilidad en las extremidades.
Este último es la almohadilla interpuesta entre una vértebra y la otra.
La parte carnosa que excede la base puede comprimir las terminaciones nerviosas, creando un conflicto mecánico que provoque dolor o insensibilidad en las extremidades.
Los discos intervertebrales son como los amortiguadores que absorben los esfuerzos a lo largo de la columna vertebral y que soportan cargas extremamente elevadas, a condición de que la fuerza se reparta sobre toda la superficie del disco o que el mismo no sea defectuoso. Se calcula que teniendo en la mano un objeto de 10 kg de peso con los brazos extendidos, la carga sobre los discos intervertebrales alcanza los 800 kg.
Gracias a la práctica se puede afirmar con certeza que la formación de la hernia discal cervical y de la hernia discal lumbar, se debe siempre a la presencia de una desalineación de la pelvis o, también, por un desplazamiento lateral de la espina dorsal (escoliosis) respecto al eje correcto.
¡SÓLO una columna vertebral que se ha alejado de la forma ideal puede provocar una hernia discal!
La medicina habla de discos intervertebrales "consumidos".
¿Se ha preguntado alguna vez cómo y porqué se gastan los discos?
Si esto fuera cierto ¿significaría que hay que moverse lo menos posible para conservar la salud de los discos?
¿Cómo es posible entonces que precisamente quien hace mucho movimiento y exige a los discos intervertebrales se mantenga en buena salud?
La verdad es que los discos no se gastan,
pero podrían ser objeto de un proceso de degeneración que les lleva a “secarse” y por consiguiente reducen su volumen hasta el punto de llegar a romperse.
¿Por qué sucede esto?
Porque los discos se cargan unilateralmente en el transcurso de los años, además de estar sujetos a una compresión permanentes a causa de contracturas musculares extremas.
¿Cómo se desarrolla una hernia discal (discopatía)?

Si la pelvis está inclinada o si sufre de escoliosis, las vértebras no reparten el peso sobre toda la superficie del disco intervertebral sólo lo harán sobre una parte del mismo. La situación empeora posteriormente cuando se sufre de lordosis lumbar acentuada, dado que la superficie sometida a la carga se vuelve sumamente reducida.
Las consecuencias se pueden imaginar fácilmente: con el paso del tiempo el punto del disco donde se concentra el peso se deteriora, preparando el terreno para la aparición de la hernia discal.
Las persistentes tensiones musculares que se desarrollaron a causa de la desalineación del Atlas y de la consiguiente excesiva inclinación de la pelvis, comprimen dos o más vértebras; la libertad de movimiento del disco intervertebral interpuesto se reduce notablemente, mientras que la presión constante ejercitada sobre el disco aumenta.
Para poder mantenerse en buena salud, los discos intervertebrales deben intercambiar nutrientes y productos metabólicos de desecho con el exterior gracias a los cambios de presión interna del disco, provocados por la compresión y descompresión del disco mismo. Efectivamente, los discos no pueden ser vascularizados a causa de la presión intradiscal muy superior a la presión sanguínea.
La carga sobre los discos varía también en función de la posición del cuerpo. Entre la posición de pie y la posición acostada, la reducción de la carga equivale solamente al 20%. En la condición precedente este porcentaje se reduce posteriormente, comprometiendo la importante fase de regeneración del disco intervertebral que tiene lugar durante la noche. Con el pasar de los años, los discos se “secan” perdiendo su elasticidad y pudiendo llegar a causar la ruptura del disco apenas sea sometido a una carga de cierta entidad.
¿Qué hacer contra una discopatía?

Quirúrgicamente es posible extirpar la parte de disco roto, o más frecuentemente la pulpa del núcleo del disco que presiona contra las raíces nerviosas que salen del canal vertebral causando dolor y parestesias de las extremidades.
Actualmente se opta por las soluciones alternativas, porque operaciones de ese tipo no están exentas de riesgo y pueden provocar complicaciones y dolores crónicos, tal como se ha venido observando en numerosas personas.
El reposicionamiento del Atlas permite una menor inclinación de la pelvis con los correspondientes beneficios sobre la postura en general. El consiguiente mejor reparto de las cargas sobre los discos intervertebrales y la reducción de las contracturas musculares, favorecen notablemente el proceso espontáneo de resolución de la hernia y reducen el riesgo de formación de hernias sucesivas.
La terapia está indicado sobre todo en la prevención de la hernia discal o en los casos de hernia todavía en fase inicial. El tratamiento está dirigido principalmente a resolver la causa que provoca la patología más que el problema mismo, por ello en caso de hernias en un estadio muy avanzado, es necesario, frecuentemente, intervenir con terapias más específicas.

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